19 November 2007

ENTREVISTA A MONSERRAT ÁLVAREZ



"LA POESÍA EN PIE DE ROCK"

En el mismo suplemento, Enrique Sánchez-Hernani, entrevista a la poeta Monserrat Álvarez. Como muchos recordarán, Álvarez pertenece a la poesía que se desarrolló en la década del 90 y después de publicar el libro de poesía Zona Dark, partió del Perú hacia otros horizontes, convirtiendo ese texto en un libro de culto para los que conocieron su poesía. Las preguntas de rigor:


¿Hubo alguna experiencia en especial que te indujo a escribir?

-Estando en Zaragoza, en un concierto de rock, en un momento dado me aparté de mi grupo de amigos, porque tenía la idea de que tenía que decir algo. Eso me ha seguido pasando: para mí la poesía es una especie de ritmo, incluso corporal, y no puedo estar sentada o tirada, sino que es una cosa muy violenta, muy de concierto de rock. Y cuando el poema es muy terrible, hasta ocurre cierta violencia física, como golpear paredes y eso.

¿Qué pasó luego del concierto?

-Tenía un ritmo como de una batería. El primer poema adulto que escribí fue "Esta alegre noche del Apocalipsis", y al escribirlo sentí lo que por fin era, y que nadie esperaba. Todos esperaban de mí que fuera algo interesante, inteligente, pero nadie precisamente poeta. Lo mejor fue que sentí que esas palabras que escribí ningún adulto las podía decir mejor que yo. Fue una salvación en un momento de crisis de personalidad. Entonces me dije: esto lo he hecho no obedeciendo nada, ni cumpliendo nada que se esperase de mí. Y todavía persisto: he conservado esa cosa adolescente, en el sentido de que todo lo que he hecho y me importa se debe hacer desobedeciendo.

¿Tenías modelos en esa época?

-Leí por casualidad un libro que me había comprado, de Francoise Villon, que para mí es el gran poeta. Entonces lamentaba no dominar su argot delincuencial porque pensaba que debía ser más crudo, más violento y fresco. Me fascinó el hecho que enfrentase la muerte, que tuviese esa vitalidad, esa ironía y esa chispa, perseguido como estaba por robo, porque ya se sabía que era ladrón, y por sospecha de asesinato. Menuda criaturita del señor.

¿Qué otros poetas te atrajeron luego?

-Después descubrí a William Blake y a una persona que puede sonarnos curiosa: Quevedo. Después me enteré de que Quevedo era una persona muy simpática pero también un asesino -no lumpenesco y pobretón como Villon-sino con pretensiones caballerescas e hidalgo, pues mataba a duelo.

Siempre te cautivaron los escritores malditos.

-Sí. También leí a Rimbaud y Baudelaire. Con éste último me agarró cierto fanatismo pero luego me pareció ligeramente alambicado en ciertas imágenes, un poco artificioso. Me produjo cierta saturación. De allí, el lado más grotesco, menos serio consigo mismo, de Rimbaud, me entró muy naturalmente.

¿Leíste todo eso antes de los 20 años?

-Sí, es que era un ratón de biblioteca, aunque eso me volvió una antisocial. Aprendí a leer demasiado temprano, me adelantaron en el colegio, luego me desescolarizaron. Andaba medio paranoica porque era la rarita.

¿Esa condición social te aproximó a los malditos?

-No creo. Lo que yo siempre he tenido ha sido una necesidad de contar con una expresión de intensidad, lo que en griego es phatos y que en Platón se llama manía, una locura, algo así.

¿Y qué poetas peruanos te llamaron la atención?

-Hay tantos que respeto pero que conozco de forma tan caótica y aleatoria que. Pero entre los primeros que me llamaron la atención estaba Luis Hernández, pero en ocasiones me parece muy ingrávido, como que le faltase contundencia. Cuando leí Vox Horrísona pensé: qué simpático debió ser este patita y que buen chiste hay en este poema, pero no me pareció una poesía lo bastante radical, exceptuando ese poema que empieza diciendo: "Abel, Abel qué hiciste de tu hermano.". Allí sí había el ritmo de la batería, del bajo, de un buen tema de rock. Lo demás me pareció que lo había hecho medio resaqueado.