19 November 2009

ULTIMO CUENTO BIZARRO



ESA "MAN"

By: Max Palacios


La “man” entro al auto, un Renault azul del año, y, apenas cerró la puerta, pisó el acelerador a fondo. Ahora lucía el cabello corto y una minifalda que le permitía mostrar las bondades más apetitosas de su cuerpo. Mientras conducía, me entregó una lata de Heineken para que se la abriera. Poco después, saco otra cerveza y me dijo al oído:

-Esa es para ti, queridito.

Se pasó la luz roja y cruzó la avenida como un relámpago. “Me jode tener que esperar que cambie la luz roja”, dijo, mirándome por el rabillo de los ojos.

-¿Hace cuánto que no nos vemos, queridito? –preguntó, sin despegar la vista del asfalto. Estrujo la lata de cerveza entre sus manos y la tiró al asiento trasero.

La “man” sabía perfectamente hace cuánto que no nos veíamos, pero se notó que disfrutaba haciéndome esa pregunta. “¿Sabes desde cuando no nos vemos, pendeja?”, pensaba yo, rascándome los testículos. “Desde que te mande a la mierda, y te dije que ya-no-que-rí-a-es-tar-con-ti-go, cabrona”. “Debe de ser hace mas de diez años, queridito”, dijo sin prestarle importancia al asunto. “Cuando yo todavía estaba en la universidad”.

-¿Hacia donde vamos? –pregunté estúpidamente, cuando la “man” estaba cogiendo la avenida 23.

-Primero vamos al centro a comprar unos gramos de coca y después vamos a mi departamento, queridito.

Cuando entramos a la Séptima, sentía que la “man” ingresaba a su territorio. Estacionamos el auto en el centro comercial y me entregó un billete de cincuenta dólares.

-Baja y compra lo que alcance de cocaína. No seas tacaño y compra buena “merca” –me dijo antes de bajar del auto y darme una palmada en el culo.

Mientras caminaba hacia los hippies que vendían el “perico”, recordaba aquellos años universitarios en que la “man” era una muchacha hermosa e inocente. Qué había pasado con ella en todos estos años era algo que no me preocupaba en lo absoluto. De seguro había conocido algún “man” bravo que le metió alcohol, droga y sexo hasta decir basta y terminó por malograrla y convertirla en poco más que una puta. Pero me gustaba cómo era ahora la “man”, con ese tono desenfadado y ese espíritu de rebeldía. Antes, era una huevona que no me movía ni un pelo. Ahora, la perversidad que había adquirido me seducía de forma inquietante.

Estaba ansioso por llegar a su departamento, echarnos unos gramos de coca y meternos unos tragos al cerebro para sazonar la ocasión, escuchando algún disco de The Doors. Recordar los viejos tiempo en que la “man” me lloraba porque la cogiera y se le diera como a ella le gustaba, “al seco”. De solo pensar en esa escena, todo se me ponía rígido, hasta los pelos de los brazos se erectaban. Llegué hasta donde estaban los hippies y pedí 20 dólares en “perico”. Lo demás lo pensaba coger como en préstamo personal a largo plazo.

Cuando terminé de transar con los hippies regresé al auto de la “man”, pero para darle un sustito me acerqué a su puerta sin que se diera cuenta y le solté un grito. La “man” se asustó un poco y soltó un grito que me despabiló.

-¿Compraste el “perico”? –fue lo primero que preguntó cuando recuperó el aplomo.
-Claro que sí, princesa –le contesté, devolviéndole una sonrisa cómplice.
-Venga el “perico” –me dijo la “man” extendiendo la mano por la ventana.


Metí las manos al bolsillo y le entregué el paquetito bien armado con los dos gramos de coca. Abrió el “perico” y se metió dos tiros a la nariz, sin culpa, sin censura, con gozo y delirio. En ese momento, ocurrió algo que hasta ahora solo puedo entender como una secreta venganza planeada desde la época universitaria: la “man” puso el pie en el acelerador y arrancó en primera a toda velocidad, haciendo chirriar las ruedas sobre el asfalto urbano de la Séptima Avenida y dejándome como un imbécil en medio de la Séptima Avenida.

Cuando volví a meter las manos al bolsillo sentí el calor de los 30 dólares que quedaron del cambio de la transacción realizada. Caminé nuevamente hacia los hippies y pedí 20 dólares más del nefasto polvo que me haría olvidar los malos momentos de esa noche. Ingresé al centro comercial y arrastré mis pasos hacia el Cinema Café Bar para embriagarme con lo más acido y oscuro de la noche. La primera botella de cerveza me hizo recordar que el dinero que tenía en el bolsillo me permitiría disolver los malos recuerdos de la noche sin ningún reproche.

DOS AMORES BIZARROS EN LOS NOVELES 37


La revista virtual que dirige Salvador Luis ha llegado a su número 37 y en esta edición se recoge textos de Juan Sebastián Cárdenas, Diego Otero, Rodrigo Hasbún, Amalia Ortíz de Zárate, Luis M. Hermoza y Marian Womack.

Además, en este número, Salvador Luis ha tenido la gentileza de incluir dos textos míos: Amor cicatriz y Amor bizarro. El primero, inédito; el segundo pertenece al libro que da título a este blog.

Para acceder a los cuentos, aquí.

RESEÑA DE "LA MUERTE Y OTRAS TRAICIONES", DE FERNANDO CARRASCO

LA MUERTE Y OTRAS TRAICIONES

Por: Mario A. Malpartida Besada

La muerte y otras traiciones, de Fernando Carrasco Núñez (Lima, 1976), en impecable trabajo de Hipocampo editores, parece formar parte de una saga iniciada con su primer libro Cantar de Helena y otras muertes (Lima, Edit. LIMAPOP, 2006). Sobre este libro habíamos dicho que el tema de la muerte, explicitado desde el subtítulo, inunda todas las páginas y en todos los matices posibles, desde aquella que asedia a un hombre pese a él mismo, como en “Retorno a las cavernas” y “Sólo el viento que trae tu nombre”; o la que se busca en forma decidida y voluntaria, como en “Última sinfonía de otoño”; o la que llega repleta de insondables misterios del alma, como en “Misteriosa confianza”; o la que provocan inesperadamente manos ajenas, como en “Una cicatriz rencorosa” y “Cantar de Helena”; o la que se convierte en destino inevitable, sin que el hombre entienda por qué, como en “Un pequeño paseo en bote”.

En la presente ocasión, asocia la muerte con la felonía, también en diferentes matices, pero siempre marcando el ritmo vivencial de sus personajes. La muerte y la traición hermanadas, caminan al lado de estos y, en algunos momentos, anuncian finales previsibles, en clara señal de que no hay escapatoria posible. Ello ocurre en cada uno de los nueve relatos que conforman el volumen. En “La ficha marcada” se muestra un juego de infidelidades en el que, el menos culpable, es el que sufre más su conciencia de culpa y en la hora del sueño debe colocarse de espaldas a su mujer, a quien cree su víctima cuando, en realidad, es su victimaria. En “Al fin de la partida”, un grupo de tahúres es castigado, a priori, con la muerte, antes de que puedan cometer su terrible fechoría contra una niña, hija de la mujer que le fue útil a uno de ellos y a quien ya traicionó desde su proyecto de arrebatarle a su hija para vendérsela a uno de los jugadores. En “Último tercio”, un diestro torero a punto de alcanzar la gloria en su faena, es traicionado por su desaforada imaginación, la que sólo advierte cuando se aproxima la muerte. En “Vida y pasión de Jesucristo”, un hombre se entera de su triste pasado por la palabrería descontrolada de un beodo, que se ensaña revelándole un terrible secreto de familia y remata con una feroz ironía sobre la vocación del protagonista. En “La puñalada”, se juntan la traición y la muerte alrededor de una interesada y casquivana mujer que destruye impunemente un sano amor y lo empuja a transformar esa puñalada sentimental en una puñalada mortal. En “Mariposas”, se revela el juego de la imaginación infantil y la locura como preámbulos de la muerte, final que ni siquiera intuye la inocente criatura. En “Hasta que lo despediste, mujer”, la muerte actúa como la gota que rebalsó el vaso de agua. En “Nos han dejado solos”, la perspectiva de la muerte es desde dentro, desde la posición del mismo difunto encarando su nueva realidad en el otro mundo. En “Visitaciones”, texto cercano a “Mariposas”, una vez más entran en juego la muerte, la locura y la imaginación, en el marco de una estructura más compleja, acorde con las interioridades patológicas del protagonista.

Dentro de estos parámetros, existen otras recurrencias, tales como las alusiones a un mundo popular signado por nombres, situaciones, hechos de corte marginal, títulos de boleros o tangos, rockolas de cantina, música de calle, vocablos del nivel subestándar, etc., con lo cual Carrasco hábilmente sitúa socio culturalmente el espacio geográfico de sus textos, sin la necesidad de extenderlos con farragosas explicaciones. Asimismo, estilísticamente, el uso del monólogo frente a un supuesto interlocutor o interlocutor mudo, sin opción a réplicas ni justificaciones; de igual manera, el discurso corrido de estilo indirecto libre, con mínimas secuencias para el diálogo directo, y los finales sorpresivos aunque, en algunos de los textos, previsibles, como anuncios de la suerte inevitable de sus protagonistas.

De esta manera, la organicidad del libro no sólo depende del título y de un no disimulado culto a lo tanático, como en su primera obra, sino también de la homogeneidad en el uso del punto de vista y los procedimientos adecuados. Carrasco delega los relatos de su libro a un narrador equilibradamente distribuido entre la primera y la tercera persona, a veces dejando sueltos a sus personajes para su intromisión oportuna con sus propios palabras, definiendo así sus rasgos psicológicos, con lo cual resuelve, una vez más, el problema de la brevedad del género que obliga a la economía de palabras, por tanto, no permite detenimientos en la caracterización de los personajes.

Por otro lado, el tema soterrado del amor, en su variedad de amor fatal y sus alrededores, como elemento infaltable en las vicisitudes de hombres y mujeres de su mundo representado, cumple un rol desencadenante para el advenimiento de la muerte o de las traiciones, a veces sutilmente encubiertas. Tal el caso de “La ficha marcada”, en donde la veleidad de dos mujeres se impone a la resistencia honesta del hombre. Aquí se evidencia la endeble moral de aquellas, por lo que el título alusivo a la letra de un bolero cantinero, no podía ser más exacto. También hay amor, del agrio, por el agregado de la frustración y la mala fe, en “Vida y pasión de Jesucristo”; igualmente en “La puñalada”, enérgico texto en el que un joven engañado no tiene más remedio que aniquilar a su rival, a quien previamente ha torturado moralmente; en el medio de los dos, una mujer cuyo nombre recuerda un viejo tango arrabalero: Malena.

De manera más sutil, el amor como motivación de desencantos, también ocupa espacios temáticos en “Hasta que lo despediste, mujer”, “Nos han dejado solos” y “Visitaciones”, ya sea con la vindicta y el acabamiento del sentimiento, la referencia a una muchacha quien probablemente desencadenó los hechos, o el recuerdo traumático de la novia muerta y su consecuente sentimiento de culpa. Sin embargo, en el cuento “Mariposas”, la manifestación de amor es singular y conmovedora por razones más sublimes. Una niña inocente, sin ser dueña de sus acciones, busca igualarse a las mariposas a las que ama tanto, pero en su intento arrastra hacia la muerte a otra criatura, de manera dulcemente aterradora.

Pero estas historias quedarían como partes de un anecdotario cotidiano, si no hubiera en su relato todo un proceso envolvente, de principio a fin. Sus comienzos, desarrollos y finales, están hilvanados de tal manera que conducen al lector por un camino en el que se combinan el goce estético por la palabra bien puesta, con el avance de la trama de atmósfera psicológica y confrontacional, hasta el final, contundente y revelador, a veces cerrado, en otras, abierto, aunque casi siempre de efecto inmediato.

Traiciones y muerte han avivado el numen creador de Fernando Carrasco Núñez, quien con su talento y destreza verbal ha articulado un nuevo libro que apasiona de principio a fin, ya sea por sus historias, por el tratamiento, por la exploración del alma humana, o por la pintura de un mundo excluido. De esta manera, La muerte y otras traiciones prosigue en su tarea de agotar aquellos temas iniciados en Cantar de Helena y otras muertes, naturalmente con las variaciones que demanda su ascenso estético al lugar que le corresponde, el de un gran narrador y de un gran observador de las vicisitudes humanas. (marineroensierra@hotmail.com)

10 November 2009

HIP HOP CUBANO: SILVITO EL LIBRE Y EL ALDEANO

09 November 2009

40 AÑOS DE HORA ZERO


El día sábado, en la Revista Somos, apareció un artículo celebratorio de Enrique Sánchez Hernani sobre los 40 años del Movimiento Hora Zero y la pubicación de la esperada antología Hora Zero: Los broches mayores del sonido. Lo único que me queda decir es que este grupo ingreso por a puerta falsa de la poesía peruana a patadas y muchos de sus poemas se conservan como si hubieran sido escritos ayer. Los dejo con un fragmento de un poema del desaparecido Juan Ramírez Ruiz:

El único amor posible entre una estudiante en la academia de decoración y artesanía y un poeta latinoamericano

(Fragmento)

(…)

Y aquí conmigo tú me falta un brillo, tú quiero dejarlo todotú quiero encerrarme en la cabina de una discoteca, escuchar tú y tú discosdespués comprar los últimos larga duración de Juan Manuel Serrat. O mejor nocoger tres vestidos, dos pares de zapatos, tú y dejar el trabajo

y largarte y dejarlo todo, mi colchón, mi mesa, mis piernas, mis manos, mis testículos y dejarlo todo, todo.

(Un par de vueltas por la realidad. Lima, 1971).

31 October 2009

CAVAFIS BIZARRO

Ningún poema resume esto, por más que quieran poner justificaciones:

Mientras bajaba por la infame escalera,
tú salías por la puerta,
y por un momento vi tu rostro nada familiar y tú me viste.
Luego me escondí donde no me vieses de nuevo,
y tú pasaste rápido ocultando tu rostro,
y te metiste a la casa infame donde no podrías encontrar placer,
como yo no lo había encontrado.

Y aún así, el amor que buscabas,
yo lo tenía para dártelo;
el amor que yo quería– tus ojos me lo dijeron tus cansados y desconfiados ojos– tú lo tenías para dármelo.
Nuestros cuerpos se sintieron y se buscaron;
nuestra sangre y nuestra piel entendieron.
Pero ambos nos ocultamos turbados.

29 October 2009

SOBRE UN PERSONAJE BIZARRO


Dentro de mi libro de cuentos Amores bizarros inclui una historia de amor retorcido entre un muchacho timido y solitario y una chica discapacitada, pero extrañamente hermosa. Todo esto dentro de la ficción, claro está. Jamás pense que esa historia iba a tener su correlato en la realidad, pero de la manera más sórdida y descarnada. Mi bizarrísimo amigo, Carlitos Behavoir, me envía un enlace que ha sido la delicia de toda esta semana. Arriba les dejo a la actriz bizarra Long Jeanne Silver, y si desean más fotos o videos sobre tu trabajo, ya saben donde buscar. No aptos para conservadores, por favor !!!

23 October 2009

PRESENTACIÓN DE ANTOLOGÍA


Bizarro Ediciones se complace en invitarlos a la presentación de la antología de cuentos 12 FORMAS DE MENTIR, que reúne los cuentos que hemos trabajado en el Taller de Narrativa que se dictó en la Librería Ksa Tomada.

Los comentarios estarán a cargo de:

-Richar Primo
-Max Palacios

DIA:
Miercoles 28 de octubre de 2009

HORA:
7 p.m.

LUGAR:
Jazz Zone (Av. La Paz 646, Pasajes El Suche, Mirafores)

Entre los antologados, tenemos la participación de los siguientes talleristas, con sus respectivos cuentos:

CARLOS TUPIÑO
Llamada telefónica

ALEJANDRA ALVARADO
“Ellas”

LUCRECIA GARREAUD
La llave

CARMEN RHOR
El Último Aniversario

KARINA RODRÍGUEZ
Miradas

YASMÍN SAYÁN
Autodiagnóstico

HERNÁN MANRIQUE
“Vientos de cambio”

DIEGO MIÑÁN
Alaridos del silencio

MIGUEL ÁNGEL FAUSTOR MÜLLER
Leslie

CHRISTIAN ARISTA
La pared rosada

ROSINA WINDER
No Olvides No Quitarte Los Zapatos

MARIANO CARRANZA
“Un bonito reloj”

19 October 2009

DOS VISIONES EN TORNO A LÁMPARA DE FIEBRE, DE JORGE CASTILLO FAN



La Ilusión Interior: Sacrificiales

La muerte y la vida están en poder de la lengua,

y el que la ama comerá de sus frutos.

Proverbios 18: 21

Hay cegueras escrupulosas -bienaventuradas mareas- que permiten, solapadamente o no, increíble y pesadillescamente, el acceso a territorios de contraluces extremos donde emerge la Poiésis. Es una zona de llegada, pero también de principios. René Char, que la conoció bebiendo feroz de su manantial, la llamó lo imposible fascinante: vale decir, el más alto grado de lo comprehensible.

Desde Platón con su caverna mítica y Plotino con su asediante Ojo Interior, tan cercano a las indagaciones de Hermes Trimesgistos, hasta Shakespeare con la mirada con que miran los ciegos o -más acá en el tiempo- las sumersiones posesas de un Rimbaud o de un Apollinaire, el intento provoca una escisión de fuego en mitad del desierto. ¿No fue acaso Nietzsche, a su vez, el que recomendaba pararse en mitad del desierto y celebrar una gran fiesta?

Jorge Castillo Fan, declarador de vértigos, anunciador de crueles separaciones en la descripción de un mundo en duelo, provoca con su Lámpara de Fiebre que esta diáspora sea un medio de llegar a descubrir-revelar zonas vedadas a plena luz del día:

La dimensión de esta herida es dos distancias:

derrumbe de los cuerpos almas que se apagan

Un llanto clandestino como en los eclipses.

No resulta imposible encontrar en esta vía de conocimiento los intersticios por los cuales la palabra accede al cuerpo de la sed para instigarlo y, por qué no también, principiar una devastación. Porque en Lámpara de Fiebre toda palabra se asume cuerpo y temblor, fuego y dispersión: En todas las hogueras de tu sueño / sólo labios en cenizas. Es que el autor abraza, desde el comienzo, la búsqueda de esta vía con una terca convicción tan cercana a las pesadillas, ese tigre del género, según nos recordara Borges. Escribe:

Una palabra

Una sola palabra

que aflore del fuego más perfecto

de los cuerpos sellados por el viento

Como en el amor más alto de la hierba y del rocío

(...)

Una palabra

Un puente que se enciende para siempre

Un solo soplo de alma

y todo bajo el cielo estará dicho.

Este sendero hacia la -permítanme definirla como- Poiésis del fuego lustral, prologa dos tentativas: la fiebre y el amor, indisolubles emblemas omnipresentes de una orgía órfica. Los cuatro el Un saludo cordial.

ementos -caros a los asombrados e inactuales presocráticos- tampoco serán ajenos a esta alquimia de una no menos inactual construcción dialógica: ...En fin : el fósforo y la puerta / el tránsito y la senda / en que retorno a mí / En que regreso a ti / por todo el curso de tu ausencia. Síntesis de tierra, de fuego, de aire y de agua, así las ha bautizado Castillo Fan.

A lo largo de toda esta Lámpara de Fiebre la vindicación del sueño -sea a través de las intensidades del amor: ...y en el cielo un relámpago de sed / que clama ¡amor! ¡amor! ¡amor! (y nada)., o por medio del silencio : Hasta que el silencio (voz en hielo) derrítase en canciones por tu cuerpo / tendrá por lecho mi fiebre estos papeles / mi noche por cielo estas palabras...- teje nuevas resignificaciones y desafíos al lector. Tampoco resulta azaroso el acápite, único del libro, del recordado Pedro Salinas: Por ti he sabido yo cómo era el rostro de un sueño: sólo ojos.

Éstos son los ojos caníbales que engendran el escenario de espejos cóncavos de la poesía. Ver para fundar. Ver para describir el mundo. Ver para deformar esa descripción del mundo. Ver para difuminarlo. Ver lo que ha de soñarse entre las madrigueras y los aserraderos de las borrosas sombras encadenadas de esta caverna platónica. La aparente simplicidad del ¿Eres o soñaba? de este texto, reafirma el pánico del desdoblamiento.

Un libro refracta una genealogía de ideas y de emociones, una ebriedad y un vacío, dibuja el plano de una comarca hecha de precisas palabras, que son también -y por fortuna- incesantes. Siguiendo la tradición de Albert Béguin, en esta Lámpara de Fiebre se unen la ensoñación irracional con el desamparo del Yo:

La soledad de mi ceniza

que nunca renunció a tu nombre

Las hélices del pecho

en su canción de lirio y aguacero

El prístino escudo de la espera

Estos redobles crecientes de mi entrega

Dos manos como un ala etérea

o sed perfecta de aire fuego tierra o agua :

una lámpara de fiebre.

Así llegamos a aquel punto de éxtasis que tanto obsesionara a Georges Bataille.* En Lámpara de Fiebre, ese punto abre puertas de irisamiento y desnudez crecientes. Revela los nudos de la ilusión verbal que tatúan lo nombrado. Nombra con valentía los ritos sacrificiales de la desesperante condición humana.

Manuel Lozano

* Cf. L´Alleluiah. He querido y encontrado el éxtasis. Llamo a mi destino el desierto y no temo imponer ese misterio árido. Ese desierto al que he accedido, lo deseo accesible para otros, a los que sin duda falta, nos advierte Bataille en este libro.

Manuel Lozano nació en Córdoba, Argentina. Es escritor (poeta, narrador, crítico literario y ensayista). Ha cursado estudios de literatura y lingüística en Europa. Es “Master en Historia de la Cultura Argentina” En abril de 2003, recibió el "Premio a la Excelencia Educativa 2004", conjuntamente con los títulos de "Doctorado Honoris Causa en Educación", "Magister en Gestión Educativa", "Miembro Activo del Consejo Iberoamericano", como así también el de "Honorable Educador Iberoamericano", distinciones otorgadas a su trayectoria por el "Consejo Iberoamericano en Honor a la Calidad Educativa", con sede en Lima.

Es autor de quince libros (que van del relato fantástico y cuasi-fantástico al ensayo y la poesía), entre ellos: “Libro de Amenemope” (Bs. As., Torres Agüero Editor, 1987), “La Línea y el Círculo” (Bs. As., Ediciones Corregidor, 1988), “Tratado sobre la Rotación de los Encantos” (Barcelona, Libros de la Isla Iluminada, 1992), “Las Caníbales”, “Jam Sessiom”, “El Enigma Silvina Ocampo” (en edición), “Bizancio bajo las aguas” (en edición, Ed. Sudamericana, Bs. As.), “Todas las noches me traías gardenias” (autobiografía ficcional de Billie Holiday), entre otros.
Ha realizado crítica literaria y colaborado con los diarios “La Prensa” (Bs. As.), “La Razón” (Bs. As.), “El Tribuno” (Salta), “Puntal” (Río Cuarto, Córdoba), “La Arena” (Santa Rosa, La Pampa), “La Voz de San Justo” (San Francisco-Córdoba), “La Reforma” (Gral. Pico, La Pampa), “El Universal” (Colombia), entre otros, como así también en publicaciones especializadas como “Cuadernos de la Generación del ´27” (Málaga, España), Revista “Proa” (Bs. As.), “Ser en la Cultura” (Bs. As.), “American Notes and Queeries” (U.S.A.), “Belvedere” (Francia), entre otras.
Recibió 54 premios nacionales e internacionales.

Signos de luces y sombras: territorio prohibido para los límites

¿Alguna vez han escuchado el grito lastimero que emiten las palabras al contacto con el fuego? ¿Han sentido que lo real se puede convertir en la suma de sueños postergados? Responder a estas preguntas es oficio de poetas que bordean los abismos, que se aferran a las palabras para no caer o para no sentir la caída inadvertida. Sentir la ebullición de los sueños más allá de la vigilia es acceder al reino de lo surreal: es penetrar en las comarcas de Jorge Castillo Fan.

Su poemario Lámpara de Fiebre se constituye en un avasallante fulgor de signos que sugieren, a un primer nivel, una cascada de imágenes que transitan entre la frágil contemplación de lo real y la marejada onírica. Mantiene una profunda autorreferencialidad con el lenguaje, el mismo que -por su propia dinámica- se torna en medio y objeto, al mismo tiempo. En un nivel más profundo -revelación de los elementos que motivan y generan los significados subconscientes- encontramos una serie de oposiciones sígnicas que trataremos de explicar por su gran referencialidad.

Para comprender el texto completo partimos de una semiología evidente que atraviesa el poema y que se traduce en dos términos que subrayo: FUEGO y SUEÑO. Veremos que FUEGO se refiere, en su connotación clasemática, a la corporalidad, temporalidad y límite; mientras que SUEÑO referirá una serie de categorías como fugacidad, evasión, intemporalidad. A esto se unen otros elementos como alma, lluvia, ojos, cuerpo, alas, viento, etc, y que -como bien explica la escritora Pilar García Huerta-“…éstos se comunican entre sí porque en todos ellos coexiste lo hallado y lo perdido simultáneamente”. Los poemas están atravesados por imágenes y conceptos que se entrechocan como si fueran tierra y cielo, referente y conciencia: luminarias de un todo que no cesa.

A partir de la corporalidad, que es parte del FUEGO, el Yo lírico empieza su danza metafísica de búsqueda y desvelo: porque lo real es horrendo como fábula, como diría Juan Ojeda. Las primeras luces son ofrecidas por los versos que irán asimilando la dialéctica y ebullición de lo irracional: “deliro / luego existo.”; es el primer concepto anticartesiano que extiende su nube de opacidad. A partir de este instante el discurso es una continua serie de oposiciones entre el FUEGO que anuncia la corporalidad y el SUEÑO (delirio) que refiere la evasión. Muchas palabras y frases sintagmáticas están refiriendo de una manera tenaz a este perpetuo acto calcinatorio: “flor de fiebre”, “alas que crepitan”, “crepitar que se ala”, “lámparas de insomnio”, etc. Por otro lado, el SUEÑO, cuya significancia a nivel profundo nos refiere la idea de lo eterno o intemporalidad, se opone a la noción del FUEGO (corporalidad).

¿Cómo se explica esta noción opositiva y qué relación existe entre las palabras que designan un mundo des-realizado y el Yo lírico? Creemos que el Yo lírico se regodea en una subjetividad que elimina toda referencia a lo externo, tomado éste en su función pragmática. El lenguaje está absolutamente despragmatizado y tiene una autorreferencialidad que celebra su propia búsqueda etérea y surreal del infinito. Las imágenes siguen un orden ascendente y descendente sugiriendo una dialéctica u osmosis ininterrumpida: elipsis de un vértigo que sólo corresponde a la órbita de lo no vivido y lo imposible. Entre la corporalidad -que será el signo del fuego que calcina los últimos escombros (temporalidad)- y el sueño (signo subyacente de la intemporalidad) hay un puente que comunica las pulsaciones en un festín de luces y sombras. Dice:

Una palabra

una sola palabra

que aflore del fuego más perfecto

de los cuerpos sellados por el viento

(…)

Una palabra

un puente que se enciende para siempre

un solo soplo de alma

y todo bajo el cielo estará dicho.

Por eso, el sentido del infinito y de la claridad no se hallan en esta aparente realidad sino en los extramuros, en la otredad donde la lejanía se contempla con ojos acaecidos: “el mar nos presta su lengua”, dice el Yo lírico al reconocer que el silencio es la tortura omnipresente. A través del signo agónico que está celebrando su ardor y su fiebre, el cuerpo se transmuta en una cadena de vibraciones hacia la fugacidad, y la proyección de una tentativa de muerte se desvanece. La evasión se engendra en ese margen donde el Yo lírico bordea el lenguaje, pero tiene la ligera conciencia de que su asimilación total es inasible. Estas recurrencias se observan claramente cuando expresa:

fuego de canto: el alma

canto de fuego: el alma

Su reconversión dialéctica es:

alma del canto: el fuego

canto del alma: el fuego

Este último poema es esencial y se constituye para nosotros en el eje del entendimiento del libro. Estas oposiciones no son gratuitas, al margen de su relación con lo cognitivo. Es idea antes que emotividad. El poemario para esto se carga de una serie de frases cuyos lexemas principales refieren atingencias concretas o abstracciones ideales. Por ejemplo “Y esa palabra / fósforo de tiempo…” es una metáfora que se puede entender como destrucción del tiempo. De igual forma, ejemplos que sustentan esa comunicabilidad entre estas oposiciones son las siguientes figuras:

“la lanza de tu ausencia”, “flor de ensueño”, “jardín de los encuentros”.

El poemario está saturado de este tipo de enunciados que concurren a crear esa sensación de luz y sombra, de vértigo continuo que no muere. Las palabras lámpara, flor, jardín (referentes del lado de la corporalidad y materialidad) son parte de la calcinación que también involucra al cuerpo, mientras que sus adjetivaciones a través de enlaces como ausencia, ensueño, encuentros, están comunicándose con el margen de la intemporalidad: allí la conexión subconsciente con el territorio de lo emotivo.

¿Sólo las palabras son los componentes emulsionadores de una suerte de esperanza y de puente salvable entre ese fulgor-muerte y la otredad que es sueño-evasión? En un primer momento todo concurre a acelerar este proceso; sin embargo, luego hallaremos que al final del poemario -cuando el Yo lírico siente que su recorrido hacia el abismo y la fogata es ineluctable- surge la luz transfigurada de un amor que destruye los márgenes, edifica una nueva ventana:

Más allá del latido y la palabra

tu amor que danza en fuego

y deshace las aspas de la muerte

Más allá de tu fiebre y mi delirio

tu amor que alumbra el agua sin final…

Esta es una referencia intensa, pero no revela un suficiente fulgor para la definición total. Siempre el FUEGO y la fiebre serán una constante celebración que reconoce la fugacidad como ajena a la experimentación feliz: la soledad y el desierto de la sombra y la luz se mezclan con ella: simbiosis de muerte y vida, donde sólo la palabra es el dios fueguino del mundo borgiano.

La palabra aúlla lastimeramente en su caminar viviente a la perfección.

Ítalo Morales

ÍTALO MORALES (Chimbote 1974). Es Licenciado en Educación por la Universidad Nacional del Santa. Ha obtenido varias distinciones en narrativa, como el Primer Puesto en el Concurso de Narrativa Regional Nuevo Chimbote (1998), una Mención Honrosa en el Concurso de Narrativa Lundero (1999) y la II Feria del Libro de Trujillo (2005). Es autor de Días de suerte (1999), Memorias de pagano (2001), El aullar de las hormigas (2003), Camino a los extramuros (2005) y Destierro de Abel (2008).