23 July 2006


CUANDO ABRIL SE TIÑE DE ROJO

(Un acercamiento a Abril rojo de Santiago Roncagliolo)

Aprovechando la visita de Santiago a la feria Internacional del Libro vamos a colgar una reseña a la galardonada Abril rojo, he invitar a los lectores a disfrutar de la lectura de esta excelente novela que intenta recrear parte de la violencia terrorista que se viviò en Ayacucho durante los rezagos senderistas.


La década del ochenta significó para el Perú un período de fractura social debido a la violencia terrorista desatada por grupos subversivos como Sendero Luminoso y el MRTA. La temática abordada por los narradores limeños de aquella época y de la década siguiente poco o nada tenía que ver con el terror que reinaba en esos años. Salvo la obra silenciosa de Luis Nieto Degregori, Oscar Colchado, Dante Castro, Zein Zorrilla y alguno que otro cuento de Fernando Ampuero y Guillermo Niño de Guzman, la mayoría de creadores prefería obviar el tema o ignorarlo. La actitud de nuestros narradores quizá se debió a que todo acontecimiento violento y traumático en una sociedad tiene que ser debidamente procesado y digerido para poder convertirse en un discurso narrativo coherente; en ese sentido, el tiempo transcurrido permite ver las cosas con mayor objetividad y frialdad, lo cual permite la articulación de estos discursos narrativos que permitan explicar y comprender estos fenómenos sociales.

Recién a partir del año 2000, los narradores limeños se decidieran a contar de manera frontal los años de violencia a través de sus creaciones. Y en ese sentido se orienta Un beso de invierno de José de Pierola, De amor y de guerra de Víctor Andrés Ponce; y recientemente, algunos cuentos de Guerra en la penumbra de Daniel Alarcón, las novelas La hora azul de Alonso Cueto y Abril rojo de Santiago Roncagliolo. Sin embargo, es en estas dos últimas novelas, galardonas con sendos premios internacionales, en donde se aborda el tema desde el escenario mismo de la violencia: Ayacucho. Quizá para los lectores extranjeros esto no despierte algún interés, pero cabe recordar que es en esta ciudad, cuyo significado en quechua quiere decir “rincón de los muertos”, en donde Sendero Luminoso inicia sus acciones delictivas a inicios de la década del ochenta. De ahí la importancia que tienen estas dos obras narrativas dentro de la literatura peruana última: la de abordar el tema del terrorismo desde el corazón mismo de su origen. Por otro lado, los personajes principales de ambas novelas, Adrián Ormache de La hora azul y Félix Chacaltana de Abril rojo, están cercanamente tocados por la violencia: no solo son simples espectadores sino que además adquieren un rol protagónico dentro del contexto de la violencia terrorista; el primero porque el pasado militar heredado del padre lo vincula directamente al terrorismo, y el segundo, por la función que desempeña en Ayacucho, como es la de fiscal distrital adjunto.

En Abril rojo, que la crítica ha calificado como un thriller policial, lo que notamos además es la presencia de rasgos de una narrativa político-policial. Al margen del suspenso y el terror de un thriller, lo que se verifica también en la novela de Roncagliolo es una representación de la violencia terrorista como un fenómeno político-social, cuyas causas se explican a nivel estructural. Y esto se puede contrastar cuando analizamos a los personajes de la novela. Cada uno de ellos representa un elemento importante dentro del engranaje social: el fiscal Félix Chacaltana es el funcionario público formalista, el abogado leguleyo que pretende llevar adelante al país a través de fórmulas jurídicas; el comandante Carrión es el militar que está curtido por la violencia terrorista y que ha visto caer en combate a sus amigos y subordinados, está cansado de la violencia y lo único que desea es olvidarla como se quiere olvidar una pesadilla; Edwin Mayta Carazo representa al militante senderista que entrega su vida por una causa que cree justa, aunque ello significa la desintegración de su familia; su hermano, Justino Mayta Carazo es el personaje civil que termina siendo víctima de todo este clima de violencia y terror. Y así se van configurando los demás personajes, como partes de una maquinaria social que intenta representar no solo a la sociedad ayacuchana, víctima del terror, sino también a la sociedad peruana. En este sentido, Roncagliolo acierta en la construcción de los personajes ya que estos se presentan no como marionetas del narrador que pretender sustentar una ideología determinada, sino como seres reales que nos trasmiten a través de sus acciones el miedo, la violencia, el terror, la angustia, la desazón y la injusticia que le tocó vivir al país como producto del fanatismo senderista.

Otro merito de Abril rojo es la elaboración de una atmósfera de muerte y de miedo. Desde el inicio de la obra vemos asomarse a la muerte a través del descubrimiento de un cuerpo calcinado; pero el clima que más se respira en la obra es el del miedo. A través de los diálogos notamos cómo el narrador va configurando esta atmósfera de miedo. Cuando el fiscal Chacaltana se acerca a interrogar a una mamacha ayacuchana se produce el siguiente diálogo: “Mamacita. Estoy buscando a Justino Mayta Carazo. ¿Lo ha visto? / ¿Quién será pues? / ¿No conoces a Justino? ¿No vives en el pueblo, tú? / ¿Cómo será, pues? / ¿Sabes dónde está esta dirección? / Aquicito nomás, por ahí”.
Por otro lado, a nivel formal, cada capítulo, narrados en tercera persona en su mayoría, está construido de manera tal que atrapa al lector desde el inicio hasta el fin, llevándolo de la mano por todo el camino de la historia. Además, Roncagliolo apuesta por una prosa diáfana, sencilla y directa que contribuye a contar la acción sin pausa ni respiro, otorgándole a la obra una fluidez narrativa impecable; salvo algunos detalles sobre la redacción de los informes del fiscal Félix Chacaltana, que consideramos exagerados, todo el conjunto nos revela a un narrador que en comparación con su novela anterior, Pudor, ha mejorado su capacidad expresiva.

Fernado Castanedo, en una reseña de la novela en mención, publicada en el suplemento Babelia del diario El País de España señala que la “guerra” que se vivió en el Perú durante los años del terrorismo senderista es lo que para los españoles fue la guerra civil española. Salvando las diferencias, tendríamos que corregir que lo que se vivió en el Perú no fue una “guerra civil”, dado que la población civil no se dividió en dos bandos, como en el caso español, sino más bien una “guerra sucia”, en la cual los senderistas aprovechaban su condición de enemigo invisible para desatar su violencia terrorista. Por otro lado, Joaquín Marco, en una reseña que apareció en la página El cultural de España, afirma que un antecedente del fiscal Félix Chacaltana en la narrativa peruana podría ser Pantaleón Pantoja, el protagonista vargallosiano de Pantaleón y las visitadoras. Creemos que un personaje que se acerca más a la psicología del protagonista de Abril rojo sería el personaje principal de Lituma en los andes del mismo autor. Tanto el policía Lituma como el fiscal Chacaltana comparten el desconocimiento y el temor ante el mundo andino y se sienten totalmente desarraigados en una tierra donde reina la incomunicación y la soledad. Ambos son dos personajes que se sienten desconcertados ante “el otro” andino y no comprenden su idiosincrasia y psicología.

2 comments:

MRS said...

profesor me parece muy buena las descripciones que da sobre los libros mas bien le pedirìra un gran favor si es que pudiese dar su apreciacion sobre el libro TRAVESURAS DE UNA NIÑA MALA (MARIO VARGAS LLOSA)
GRACIAS.

Jesus said...

Acabo de leer este libro. Si bien es cierto que está ubicado en el año 2000, se puede sentir en el libro, ese espíritu que no se ha extinguido del todo. De ahí, creo yo humildemente, esa caja china que se presenta: las hojas escritas con muchas faltas de ortografía. Por otro lado, como dice Thays en una reseña al libro en mención, el suspenso aumenta capítulo tras capítulo.

Sin lugar a dudas es un buen libro. Se me viene a la mente las palabras de Oswaldo Reynoso cuando Thays le preguntó en su programa "Vano Oficio" por la literatura tratada por Santiago Roncagliolo. Pero no vale la pena escribirlas, creo yo...

Jesus.